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domingo, 14 de mayo de 2017

Obesidad y pruebas médicas

Trabajo en un S.D.P.I. (Servicio de Diagnóstico por la Imagen) de la primaria. Parte de mi trabajo consiste en practicar ecografías a gente de todas las edades y volúmenes. Sí: volúmenes. A veces mi brazo derecho, estirado al máximo, y mi cuerpo casi tumbado, no alcanzan a poner el transductor sobre la fosa lumbar izquierda del paciente para visualizar el riñón… y mi anatomía es perfectamente normal. A veces me resulta imposible dar con la próstata sin destrozar mi muñeca, que no consigue flexionarse contra un abdomen voluminoso y a tensión… y soy una mujer fuerte.
   Lamentablemente resulta cada día más frecuente encontrarse con obesos tumbados en la camilla de ecografías o en la sala de radiología. A menudo son personas inmensas con barrigas descomunales, con un perímetro abdominal de infarto, nunca mejor dicho en una sociedad donde para concertar un seguro de vida te obligan a declararlo, y en la que la prevención de las enfermedades cardiovasculares requiere una cintura de menos de 80 centímetros en la mujer e inferior a 94 en el hombre.
   Aun reconociendo que, sorprendentemente, alguno de estos pacientes es de fácil diagnóstico por ultrasonidos, lo habitual es que no sea fácil extraer todo el jugo posible de una ecografía, una prueba sencilla, cómoda para médico y paciente, y muy resolutiva.
   Si hablamos de diagnóstico radiológico, la radiología directa y el utillaje que conlleva se hallan a años luz de técnicas más antiguas en cuanto a calidad de imagen y facilidad diagnóstica. Sin embargo, aunque las mejoras son obvias para los obesos, debe destacarse un aspecto. El aparato automático ofrece a los TER (técnicos en radiología, los que “hacen las fotos”) un estándar de dosis y permite especificar si el paciente es delgado, mediano o gordo. Dicho eso, al hacer el disparo, él mismo dosifica la radiación, cortando la dosis que emite el tubo cuando cree que la imagen será suficientemente buena. Así pues y en general, a mayor volumen corporal, mayor irradiación recibe el paciente.
   Visto desde la asistencia primaria, los datos son muy preocupantes. Hoy la obesidad afecta un 13% de la población mundial (incluye países de delgados y famélicos). En 2025 se espera que afecte a un 20%. Y va al alza…
(Foto libre de Pixabay.com: Lago Constanza)