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domingo, 8 de septiembre de 2013

Islam para tontos

Alguien me pregunta: “El Dios de los musulmanes, ¿es Alá o Mahoma?”, y los pensamientos acuden en tropel: el famoso libro-ayuda “Windows para tontos”, los 1200 millones de afiliados con que cuenta el mundo musulmán i el crecimiento sostenido de esta cifra escalofriante. Se impone un repaso urgente. En el siglo VII después de Cristo (700 años después del cristianismo i del judaismo), Alá reveló El Corán en árabe a Mahoma (Muhammad). Palabra a palabra, durante 23 años y usando de intermediario al Arcángel Gabriel. El profeta Mahoma era iletrado y tuvo que hacer un gran esfuerzo de memoria para recordar las 600 páginas (6236 versículos) del libro sagrado. A tan ardua tarea lo ayudaron sus seguidores. Dos años después de su muerte El Corán fue escrito y distribuido por el mundo en V.O. árabe. Los musulmanes creen en un solo Dios: Alá. Creen que Alá fabricó los ángeles, criaturas asexuadas i libres de pecado. Creen que profetas como Adán, Ismael, Moisés, David, Jesús... fueron seres humanos perfectos. El Islam se sostiene sobre cinco pilares: 1-Solo hay un Dios: Alá, y Mahoma es su mensajero. 2-Hay que rezar 5 veces al día, mejor todos juntos y en la mezquita (se entiende pues que en sus ciudades haya un mezquita en cada esquina). 3-Durante un mes uno debe abstenerse de comer, beber y practicar sexo marital (no se contemplan otros tipos de cópula) desde el amanecer hasta la puesta del sol. De noche, barra libre de todo (esto no viene especificado, por obvio). 4-Hay que desprenderse de una parte de los bienes y ahorros (el 2,5% mínimo) y dárselo a los pobres. 5-Si uno goza de salud y de medios debe peregrinar a La Meca al menos una vez en la vida. Conclusión: parece útil y positivo que los ricos den dinero a los pobres y compartan su hambre durante el ayuno del Ramadán; así los entenderán mejor. También el aprendizaje que representa hacer turismo a La Meca parece algo bueno, sobre todo en la antigüedad. El resto, es decir la religión más la sunna (forma de vida, de gobierno, etc) más la sharia (código de conducta, ley islámica) hacen que sea imposible olvidarse por un momento de que uno es musulmán. La vida se convierte en una senda de obediencia ciega a Alá. Puesto que El Corán, la sunna y la sharia no han sido revisados con vistas a modernizarse, se sigue viviendo en el siglo VII; eso sí, con un móvil en el bolsillo y ordenadores en casa (no todos). En el actual mundo global cualquiera puede escoger la forma en la que desea practicar la religión. Incluso somos libres de seguir la doctrina más acorde con nuestras ideas y de ser ateos si se tercia. Pero quien viva rodeado de musulmanes por los cuatro costados va a tener bastante más difícil la libre elección. Y precisamente ahí nos dirigimos.