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miércoles, 19 de febrero de 2014

Voluntarios del futuro

Hace décadas que la creciente automatización deja en la calle cada día a más trabajadores. La previsión es que eso empeore con lo que denominamos la tercera revolución industrial. Si le añadimos las consecuencias de la globalización de los mercados, la construcción de comunidades fuertes y autosuficientes será vital para la supervivencia de muchas familias afectadas por la drástica reducción de plazas de trabajo. En los próximos años hará falta encarar algunas prioridades como proporcionar alimento a los pobres, garantizar unos servicios sanitarios básicos, educar a los jóvenes, prever viviendas asequibles y preservar el medio ambiente. ¿Cómo vamos a conseguirlo? Muchos creen que con el tercer sector. Tendremos que establecer iniciativas para que aquellos que aún trabajen, pero en horario reducido, dediquen parte de su tiempo libre en actividades de voluntariado. Habrá que promover una legislación adecuada para proporcionar a los parados permanentes un trabajo útil en los servicios comunitarios. El gobierno podría deducir impuestos a los trabajadores en activo que hagan tareas comunitarias y, aunque con ello obtenga menos ingresos fiscales directos, reduciría su gasto en programas de ayuda. También tendría que establecer “salarios sociales” como alternativa a los pagos y beneficios de la asistencia pública para los parados permanentes dispuestos a ser reeducados y empleados como voluntarios. Además el gobierno debería conceder beneficios a las ONG para ayudarlas a reclutar y formar a los pobres que trabajen para ellas. Este “salario social” beneficiaría a los sectores público y privado con el crecimiento de poder adquisitivo y de los ingresos sujetos a impuestos, reduciendo a la vez la tasa de criminalidad y el coste de mantenimiento del orden social y legal. En el futuro será imprescindible crear un capital social en los barrios y comunidades para ayudar al número creciente de pobres que se prevé que habrá en el mundo. La carta más importante en el juego de la nueva política parece ser el sector público, que tendrá un papel menor en los asuntos comerciales y mayor en el tercer sector. Estos dos sectores juntos podrán ejercer una considerable presión política sobre las empresas para reconducir parte de los beneficios del nuevo comercio hasta las comunidades. (de The End of Job, de Jeremy Rifkin)