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martes, 27 de septiembre de 2016

¿Por qué me gusta escribir?

Un conocido que acaba de saber que escribo me ha deseado que publique un best seller y, a partir de sus bienintencionadas palabras, surge la pregunta: ¿realmente es este mi propósito?
   En mis inicios, cuando crucé al otro lado del libro (de gran lectora a escritora principiante) este era efectivamente mi propósito. Hoy por hoy, con una experiencia de años de práctica constante, con varios miles de hojas escritas en forma de relato, novela, ensayo o artículo, mi motivación y mi intención han dado un giro radical, de manera que a estas alturas llegar a ser una escritora famosa no me importa lo más mínimo. Entonces ¿por qué este empeño?, me pregunto.
   Escribo para reflexionar sobre la vida, para investigar el mundo que me rodea y los seres que lo pueblan, para aclararme las ideas respecto a temas diversos que deseo conocer mejor. Pensar y escribir me ayudan a centrarme, me tranquilizan, me conectan con la vida, son mi alimento intelectual y espiritual. Disfruto sobre todo de aquello que forma parte del proceso creativo, de su camino difícil y retuerto, de su complejidad y exigencia. El resultado final es un regalo.
   Sin embargo, cuando ya está creado, se desploma mi interés. El futuro del producto, el tedio de lo que sucede a mi placer (publicación, promoción) forma parte de aquellas tareas necesarias que hago porque no tengo más remedio si quiero que alguien me lea. Por supuesto, podría obviarlas, encerrar los textos en el cajón de mis pasiones personales y escribir solo para mí. Pero entonces, ¿qué sería de mi vanidad, de mi ego, de mi autoestima?
   Esto me lleva de vuelta a lo que me digo siempre: los humanos somos seres vivos altamente imperfectos.
   Aunque, claro, cada cual a su manera.
(Foto de www.foter.com)